Menú principal
Sub Menú

Una Respuesta es una Proposición

 

Cuando el presente tiene el

poder de cambiar el pasado

 

Nuestro pasado no es inmodificable como parece, sino que lo revisamos y reconstruimos continuamente.

 

6

 

Muchas veces utilizamos aquello que llamamos nuestro pasado como una explicación suficiente y definitiva de los sufrimientos o beneficios actuales. Si fui maltratado allá y hace tiempo ahora vivo lógicamente con temor, y si tuve una bonita infancia ahora soy una persona de bien y segura de si misma. Estamos influidos por un pensamiento de causa y efecto, en el que algo ocurre primero y la consecuencia viene necesariamente después.

Mas allá de la tendencia hacia la que nos llevan los acontecimientos ya ocurridos, los límites a los que el pasado a veces nos constriñe, esta simpleza se denota insuficiente para explicar la tremenda complejidad de nuestras vidas.

No soportamos muy bien lo azaroso; por eso el psicoanálisis lo interpretó todo y se valió de este tipo de pensamiento simple de causa y efecto para instalarse durante décadas en el ámbito de la salud mental.

En realidad no hizo otra cosa que tranquilizarnos un poquito.

Diariamente nos enfrentamos a lo imprevisible de los acontecimientos pero nuestra percepción, salvo en momentos de verdadera confusión, nos indica que todo está en orden y que todo tiene una lógica entendible. Hacemos frente al vértigo de nuestra vida de todos los días cubriéndonos con una reconfortante rutina, para que el mundo nos resulte un lugar medianamente conocido. Así, dentro de lo posible sabemos lo que vamos a hacer hoy y lo que nos espera mañana.

Si se piensa un poco en ello, en verdad no podríamos funcionar de otra manera: analicemos simplemente el caos en que se transformarían nuestras vidas si todos los días al levantarnos tuviéramos que emprender las tareas diarias como si fuera la primera vez. Cada nuevo día aprender a preparar el desayuno o a ponernos la ropa. ¿Quién lleva los chicos al colegio? ¿Cómo llego a mi trabajo?.

La rutina, que en general tiene mala prensa, es absolutamente necesaria y reconfortante. Emprendemos las tareas diarias habiendo ya aprendido las secuencias de acciones necesarias para economizar esfuerzos y realizarlas con eficacia: una manga va primero, luego la otra, la etiqueta para atrás, y para el desayuno pongo una cucharada de café, una de azúcar, un chorrito de agua, luego leche y un minuto y medio al microondas. Ni siquiera prestamos demasiada atención.

En nuestras relaciones también las cosas nos parecen medianamente ordenadas y conocidas. Juan es envidioso, Maria es amable. Con Teresa no se puede hablar, no te escucha. Siempre es igual.

En verdad, al igual que cualquier acontecimiento del mundo nuestras reacciones no necesariamente tienen una lógica cierta, aunque nos reconfortaría que ocurriera de ese modo. Lo que generalmente no vemos, ya que de lo contrario se arruinaría todo el truco, es que nosotros activamente construimos esta tranquilizadora realidad. Una herramienta muy poderosa para que esto ocurra son las historias que nos contamos a nosotros mismos y de las cuales somos los protagonistas. Estas historias le dan coherencia a lo que nos ocurre. Por ejemplo, en el trabajo me va bien, me acaban de ascender. Es lógico, pienso, porque siempre me ha ido bien, soy una persona que se merece lo que le ocurre y le dediqué gran esfuerzo a este ascenso. Lo mismo para el acontecimiento contrario. En el trabajo me va mal, no me consideran. Es que nunca fui considerado por nadie y nunca va a ocurrir. Mi mamá me odiaba. Por más esfuerzo que le dedique nunca lo voy a lograr.

Entonces, a pesar de estar en un mundo cambiante nos las ingeniamos para crearnos la ilusión de contar: con un pasado inmodificable, un presente estable y un futuro previsible.

Creamos estas secuencias de causas y efectos, una cosa va primero luego la otra: Maria se portó mal conmigo y desde entonces estoy enojado con ella.

Una vez que comprendemos que la realidad que percibimos no es más que una construcción entre muchas otras se nos abre un abanico de posibilidades. Qué pasaría si a la persona que le fue mal en el trabajo se dijera: en mi historia las cosas no fueron bien y en mi trabajo tampoco, pero a partir de ahora todo va a cambiar. Voy a salir adelante porque a pesar de todo siempre salgo fortalecido. Una serie de alternativas nuevas se presentarían.

Un hecho importante: las historias de las que hablamos no son creadas en soledad, las creamos junto con otros. Dependen de un ida y vuelta donde tu afirmación depende de mi respuesta y mi respuesta se transforma en una nueva afirmación que espera confirmación, es decir, en una proposición. Y así en círculos. Yo te digo te quiero, pero hasta que no me das tu respuesta no sabemos que puede significar, si me ignoras lo que dije se parece mas a un ruego que a una declaración y si me correspondes con otro te quiero ya el sentido es diferente. A su vez yo nuevamente respondo y vamos tejiendo así la red de nuestra relación. Si yo no me enojara con Maria, ¿lo que ella me hizo sería igualmente tan malo? ¿se trataría de un hecho aislado o la confirmación de una pareja en problemas?.

Observemos lo que sucede en terapia. Un paciente dice sentirse mal, está deprimido, siempre estuvo deprimido y todo le sale mal. Yo le digo luego de un gran silencio: -aha…. ¿Que más se le ocurre? … (silencio)... ¿Porqué le parece que se siente así? ¿Esto que le recuerda? Esta es una posibilidad. En cambio si yo le doy la siguiente respuesta: lo suyo es pasajero, no se preocupe, estas cosas son típicas, luego de superada esta crisis se va a sentir mejor. En este caso ¿sigue siendo una depresión? O bien le digo: -entiendo su tristeza ¿cómo lo puedo ayudar?.

Por supuesto que va a depender de la relación que se establezca entre terapeuta y paciente, pero en principio el sentido de la depresión se puede perfila para cambiar y según lo que conteste el paciente comenzaremos a sellar un sentido nuevo. Tal vez ya no sea necesario hablar de una historia de depresión petrificada y sin salida. Dependerá ahora del paciente que puede contestar: -ah, no lo había pensado de esa manera ó – usted no me entiende. Cada respuesta se transforma en una proposición que el otro debe avalar o refutar.

Yo puedo proponer que asumas tu infancia como un destino o como una parte necesaria del camino recorrido hasta las posibilidades actuales.

Este simple ejercicio se puede trasladar fácilmente a la vida cotidiana. Hay que estar atentos a los cambios que necesitamos hacer para lograr lo que anhelamos: una relación de pareja más satisfactoria, un trabajo más productivo.

Y también hay que dejar un poco de lado el propio ego. Habitualmente nos contentamos en nuestro sufrimiento porque preferimos pensar en todas las injusticias que sufrimos en la vida de novela que a veces creemos que nos toca. Muchas veces es útil simplemente dejar de escribir la misma historia una y otra vez y proponer algo novedoso. Salir de la auto hipnosis de las historias que nos contamos. Dejar de ser los héroes incomprendidos que sufren injustos tratos de los demás, para ser activos escritores de historias infinitas.  

 

Lic. Roberto Melchiorre.

 

333
555
555

 

Diseñado por MD