La Autopsia Psicológica
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El caso de Nora Dalmasso, la mujer asesinada en Rio Cuarto, nos acercó una serie de términos policiales y forenses que circulan en todos los medios. Autopsia, Huellas, ADN, Perfil Psicológico. A la mayoría los conocemos. Pero uno de ellos llama un poco la atención: Autopsia Psicológica.
Según el diccionario la autopsia es un examen anatómico patológico hecho a un cadáver con el fin de determinar la causa de su muerte. Esa es una definición que no nos trae demasiados problemas. Sabemos de qué se trata. Conocemos además la frase bastante común “los cuerpos hablan”. Imaginamos a un especialista buscando cortes, hematomas, cambios de coloración, o cualquier marca que signifique algo. Pero ¿Dónde buscaríamos sus marcas psicológicas? ¿Que ocurre si queremos determinar la personalidad de la víctima para buscar pistas que resuelvan el misterio de su muerte?
Tendríamos que preguntarnos si es posible o no analizar el psiquismo de una persona después de muerta.
Además ¿Cómo accedemos a toda esa información?
Pensemos un poco. No resulta evidente. Si queremos armar un perfil psicológico de alguien necesitamos, parece básico, hablar con esa persona. Hacerle algún tipo de Test. ¿De que otra forma accederíamos a su personalidad? ¿A su verdadera intimidad?
Y la respuesta aunque no evidente es clara. Tenemos que preguntarles a otras personas. No necesitamos bucear en su psiquismo o en alguna supuesta profunda intimidad. Su personalidad por así decir, está repartida entre las personas con las que convivía, diseminada entre las personas de su entorno y entre sus cosas. Es así que en el método usado en la autopsia psicológica se visita la casa de la victima y se realizan entrevistas personales con los allegados.
El dilema inicial que se nos planteó se trata entonces de un malentendido porque partimos de una base falsa: hasta ahora para hacer nuestras preguntas nos manejamos inadvertidamente con la metáfora, bastante extendida hasta ahora, de las personas como textos, que Kenneth Gergen (“Si las personas fueran textos” Terapias Posmodernas, Aportaciones Construccionistas) define como una de nuestras últimas herramientas de comprensión. Esto es, creemos que el entendimiento puede ser alcanzado a partir de tomar como un texto (a descifrar) lo que una persona dice o hace, y que ello nos guiaría hacia el verdadero significado. Alguien nos cuenta sus problemas y nosotros “leemos” algo más de lo que dijo: sus verdaderas intenciones. Siempre parece necesario ir un poco más allá, o mejor dicho un poco más profundo.
Cada época en realidad nos trae alguna metáfora para ayudarnos a pensar algo tan extremadamente complejo como el psiquismo humano. Por ejemplo la metáfora de la mente como máquina es utilizada en las ciencias cognitivas o la imagen del animal de laboratorio sirvió de soporte a la investigación de la conducta humana. La primera ley de la termodinámica le sirvió a Freud para pensar la libido y sus caminos, y ahora todos hablamos de una energía que se pierde o que se recupera y que circula dentro nuestro.
La metáfora de las personas como textos a ser leídos nos recuerda al analista que interpreta todo lo que el paciente dice, “buceando” en las profundidades de su psiquismo para descubrir la verdad inconciente. Hay un texto y un lector.
Cuando nos ayudamos con esta metáfora para entender los procesos humanos siempre pensamos en una pequeña superficie a ser leída y una gran profundidad esperando ser descubierta. Invariablemente somos llevados a considerar a las personas como seres individuales que contienen en su interior (inconciente) todas las respuestas. Los secretos estan ahí, solo necesitamos la habilidad para abrirnos camino a través de las resistencias.
Cuando no tenemos a la persona física nos falta una psique individual a investigar o una superficie de lectura. Pero solo se trata de la estrechez de la metáfora utilizada, en realidad podemos perfectamente saber como era esa persona investigando las relaciones en las que se desarrollaba. Los pensamientos, las emociones y el comportamiento de un individuo no son más que un simple componente de un patrón relacional.
A veces nos parece que los modelos, que en realidad nos ayudan a pensar, son la verdad misma; entonces lo que queda por fuera lo desechamos o no lo consideramos. Pero se trata de una época y sus metáforas para entender la complejidad. En el futuro tal vez ya no podamos siquiera considerarnos como seres meramente individuales sino siempre determinados por otros y a su vez determinándolos. Va a depender de la metáfora que se instale.
Tal vez entendamos que vivimos y nos desarrollamos en grupos y solo así. Y que no hace falta la palabra de la persona individual, hace falta la palabra social.
Lic. Roberto Melchiorre.