Teoría Sistémica
Procesos de cambio: por dónde empezar
|
![]() |
Sabemos que cuando estamos deprimidos o ansiosos necesitamos hacer algo diferente para sentirnos mejor y para evitar que el malestar se instale de forma crónica. Sin embargo el sentido común no siempre es fácilmente aplicable a las situaciones humanas: si algo no funciona solemos aplicar una y otra vez la misma solución aunque no produzca resultados positivos. Pretendemos cambiar sin cambiar.
En la clínica estas situaciones no nos resultan sorprendentes, algunas teorías lo denominan resistencia, otras tendencia a la homeostasis.
Además, supongamos que consultamos a un psicoanalista que nos dice que el cambio debe darse en procesos inconcientes de los que nada sabemos ni controlamos; cambiar algo en realidad es lo último que nos preocuparía porque nuestro esfuerzo esta orientado a encontrar eso inconciente que nos perturba ¿Qué podríamos hacer salvo esperar pacientemente?
En estos casos en lugar de trabajar activamente por mejorar solo esperamos el fin del análisis, en la creencia de que la mejoría tiene que darse espontáneamente (aunque luego de muchos años de pensar en el malestar recostados en un diván la supuesta espontaneidad suene un poco absurda).
Estas cuestiones son importantes porque hay que saber si queremos modificar procesos inconcientes como un fin en sí mismo o si en realidad perseguimos otra meta, como pensar o hacer algo distinto a lo habitual. Si este fuera el caso ¿Por qué no evitar un paso y sencillamente trabajar en lo que necesitamos cambiar? ¿Por qué ahogarnos en la compulsión de revisar toda la historia? Si pretendemos que la infancia es la exclusiva causante de nuestros malestares estamos impedidos de hacer algo productivo hoy, cuando en verdad el pasado es un dato que no podemos modificar ni revivir, a lo sumo podemos reinterpretar, pero siempre desde el presente.
Centrémonos en el proceso de cambio. ¿Por qué nos resulta tan difícil?
Muy sencillo: porque cualquier trastorno o problema humano involucra a otras personas y cualquier modificación las tiene que incluir. Tan sencillo pero tan difícil de percibir. Pensemos simplemente en una mujer que está deprimida y su marido. Ella llegó al punto de ya no realizar ninguna actividad, se queda en la cama hasta muy tarde por las mañanas y hace solo algunas tareas de la casa con desgano. No trabaja ni tiene actividades sociales. El marido, cansado de intentar que ella se sienta mejor, está abocado de lleno a su trabajo y al club. Ella está convencida de que tiene algo malo en su interior y que la solución es casi imposible y se empieza a desesperar. No sabe pedirle ayuda al marido, ni siquiera cree que él pueda hacer algo, y él ya no intenta nada ni la escucha, simplemente la ignora. ¿Pueden marido y mujer seguir conduciéndose de esta forma y pretender que la depresión desaparezca?.
Supongamos que ella intenta un cambio y como ya no soporta la falta de atención de él se lo hace saber reclamándoselo abiertamente. Pero él ya tiene su vida armada alrededor del trabajo y los amigos del club y no quiere ceder; esas actividades se han transformado en aspectos demasiado importantes de su vida.
Como vemos ambos bailan, por así decir, una danza muy ajustada, y ahora necesitan hacer algo diferente. Los dos tienen que aprender un nuevo baile.
A esta altura podemos preguntarnos ¿quien está deprimido? ¿Ella? ¿El? ¿O la pareja? Pensemos en una situación así como un modelo de relación. Cualquier persona dentro de ese modelo va a tener una experiencia subjetiva desagradable. Vale decir, no hay nada malo en el interior del psiquismo de cada uno de ellos, sino que el problema está en la interacción.
El sistema formado por estas personas permanece oculto porque cada uno puede ver solo una parte del conjunto y entonces se genera la sensación de falta de control o de impotencia; ellos sienten malestar y lo interpretan de diversas maneras; pueden creer que son víctimas de la mala suerte, de la maldad del otro o que están sufriendo una enfermedad, en general no perciben la danza que bailan.
Una vez que entendemos lo que hace cada uno podríamos preguntar (como se hacía habitualmente en terapia) ¿Por qué sucede esto? ¿Por qué ella se siente deprimida? Entonces analizaríamos su historia y descubriríamos que ya anteriormente se había sentido desplazada por sus padres, lógicamente desde niña le tiene miedo al desapego y seguramente hay recuerdos del pasado que confirman esta historia. Nos guiaría la pregunta ¿Cómo comenzó todo? ¿Qué lo desencadenó? Obviamente que la respuesta sería totalmente arbitraria, es imposible poder determinar cuestiones de tal complejidad, y aún entendiéndolo todo ¿Qué nos aportaría? Conocer detalladamente toda mi historia de fracasos y saber exactamente porqué hoy las cosas no me salen ¿es haber dado un paso para cambiar? No necesariamente, en realidad todavía no hice nada para mejorar. Somos muy proclives a preguntar el por qué de las cosas convencidos de que primero hay que conocer a fondo la raíz del problema para recién después poder hacer algo.
Una vez que desarrollamos esta hiperconciencia de lo negativo nos alejamos cada vez más de la solución. Porque pensar minuciosamente en los detalles del problema nos impide en realidad imaginar cómo las cosas podrían mejorar. Es mucho más productivo centrarse en cómo queremos que las cosas sean para actuar en consecuencia.
Si no se lo que quiero ¿Cómo pretendo conseguirlo?
Entonces, preguntar “Por qué” no nos sirvió de mucho. Pero cuando modificamos el punto de vista y preguntamos en cambio ¿Cómo sucede? Y sobre todo ¿Cómo me gustaría que sucediera? la perspectiva cambia. Ahora podemos empezar a hacer algo. Tal vez para empezar una buena pregunta sería: ¿Cómo hace la pareja para mantenerla a ella deprimida? Podemos entonces imaginar un circuito en el que mientras ella se aleja porque siente que no merece ayuda, él desiste de hablarle porque no entiende como es que ella no lo tiene en cuenta. Entonces se instala entre ambos una sensación de soledad y desesperanza: cada uno siente que tiene sobrados motivos para no confiar en el otro. La depresión de ella aumenta, lo que genera que se repliegue más. Para él esto es sentido como una desconsideración y se concentra más en sus actividades sociales. Es un ida y vuelta. No es difícil deducir una espiral de malos tratos que va a ir en aumento. Para poder revertir la situación convendría que cada uno asuma su aporte para mantener la depresión y que haga algo diferente; ya que como vemos un trastorno no se sufre pasivamente -aunque esta sea la sensación-, sino que hay comportamientos que lo generan y que lo hacen persistir. Por ejemplo en este caso, no pedir ayuda, no comunicarse, y no reconfortarse mutuamente. Evitar actividades placenteras, quedarse en cama, todo eso decididamente mantiene la depresión o mejor dicho ES la depresión. Muchas veces simplemente esperamos que a la mañana siguiente el problema esté presente, como si nos hubiéramos acostumbrado, y nos conducimos de tal manera que sin querer lo hacemos realidad.
Entonces, conviene tener en cuenta:
No preguntar porqué se produce una situación sino cómo se mantiene y cuál es mi parte en ella.
Cambiar la “danza”: si por ejemplo cada vez que mi pareja se retrae yo me enojo y eso tiende a empeorar la situación, acercarme evitando ser hiriente.
No centrarse en lo negativo sino en cómo me gustaría que fuera la situación.
Lic. Roberto Melchiorre.